
Te escribo con la mirada porque confío en que eres capaz de leer todas las palabras que viven en mi alma sin necesidad de verlas plasmadas en el papel, porque estoy segura que somos compañeros de esta vida y de otras, aunque antes no habíamos tenido la admirable oportunidad de abrir los ojos, es que los seres humanos solemos ignorar las cosas más importantes de la vida, lo se; pero nosotros no, nosotros nos tardamos en hacer lo que pensábamos difícil una realidad, pero siempre tuvimos la certeza de que así tenía que ser.
Tú, luchas por un mundo mejor, en el que no haya diferencias de clases sociales ni títeres de los procesos que se dejan comprar por las migajas que se le caen a los poderosos, luchas porque a la gente no se le olviden sus principios y para que no cambien su ideología por un color que sólo les proporciona bienes económicos;
yo, lucho por un mundo en el que no se extinga el amor, lucho por la única bandera que para mi se ondea sin siquiera una culpa en su existencia, que no es de tela, ni tiene ningún color, tampoco separa razas, y mucho menos culturas, es la bandera que vive en todos, pero nadie la luce con orgullo, es en lo que creo y lo que me hace mantenerme en pie aunque muchas veces he desconfiado de su autenticidad .
Nuestros pensamientos se encuentran, pero jamás se rechazan, son tan pacientes ambos que se escuchan con detenimiento para no perder detalle alguno y no restarle importancia a la información del otro, son pensamientos que parten de la tolerancia, a pesar de que la violencia haga apariciones sorpresas en la historia, entre nosotros la violencia no tiene cabida alguna; yo con mi revolución del alma, y tu defensor de la anarquía, que aunque choca con mis preferencias, no me disgusta en lo absoluto.
Tú, llenándome la vida de paredes escandalosas y que no tienen nunca ganas de hacer silencio, y yo, cubriéndote las entrañas con letras decididas, valientes, con letras que nunca tienen pena.
Tú, envolviéndome la tristeza con la carpa inmensa de un circo lleno de trucos, juguetes, y magos, y yo, llevando a vivir seres apócrifos e historias con esencia de canela y vainilla a ese circo construido sólo por ti.
Somos el vivo ejemplo de que las NINFAS si se enamoran de los SÁTIROS, de que el amor se puede construir sólo aceptándose y no entendiéndose, como tantos creen. Somos compañeros de equipo, desterrados del mundo, y sobre todo amigos.

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